Medallas Basilio Paraíso

Empresas distinguidas 2006

  • Balneario de la Virgen (1898) Jaraba
  • Balneario de Paracuellos de Jiloca (1848) Paracuellos
  • Balneario Termas Pallarés (1827) Alhama de Aragón
  • Bellostas (1875) Zaragoza
  • Bodegas Almau (1870) Zaragoza
  • Caja Inmaculada (1905) Zaragoza
  • Calzados La Alicantina (1883) Zaragoza
  • Casa de Ganaderos de Zaragoza (1218) Zaragoza
  • Confitería Micheto (1778) Calatayud
  • Farmacia Chóliz (1893) Zaragoza
  • Farmacia Ruiz Poza (1883) Zaragoza
  • Harinas de la Parra (1845) Épila
  • Hotel Balneario Sicilia (1860) Jaraba
  • La Veneciana (1876) La Almunia
  • Lotería del Rosario (1860) Zaragoza
  • MAZ (1905) Zaragoza
  • Pedro Faci (1897) Zaragoza
  • Pirotecnia Zaragozana (1860) Zaragoza
  • Posada de las Almas (1705) Zaragoza
  • Saneamientos Marín (1885) Zaragoza
  • Valero Echegoyen (1833) Zaragoza

Casa de Ganaderos de Zaragoza 

1218

Casi 800 años de historia contemplan a Casa de Ganaderos de Zaragoza. Fundada por el monarca aragonés Jaime I en 1218, ha desarrollado durante siglos tres actividades fundamentales: la administración de pastos; la venta y  comercialización de carne y lana; y la jurisdicción ganadera. En el siglo XXI, la cooperativa agrupa a 300 ganaderos, que comercializan unos 150.000 corderos al año y suman una facturación por encima de los 10 millones de euros. Hoy Casa de Ganaderos es la proveedora de un tercio del Ternasco de Aragón y se ha adaptado a los nuevos tiempos con su entrada en los mercados de despiece y precocinados.

Su esplendor llegó en la segunda mitad del siglo XV, de la mano del Justicia de Ganaderos. En el siglo XVII, comienza la contestación popular al poder del Justicia, que la institución intenta contrarrestar con un  aumento de la actividad económica. El siglo XVIII constata el recorte de su jurisdicción y en el siglo XIX sufre las trágicas consecuencias de los Sitios de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia y las importantes pérdidas de la ganadería. En 1828 se convierte en una organización de ganaderos, tras abolirse dos años antes la figura del Justicia de Ganaderos, y en 1836 se integra, conservando su nombre, en la Asociación General de Ganaderos del Reino

La institución se salvó y se preparó para afrontar importantes cambios. Se transforma en el Sindicato Agrícola-Pecuario Aragonés Casa de Ganaderos (1915), para la defensa de los derechos colectivos de los ganaderos y para facilitarles servicios. En 1945 el sindicato se convirtió en la Cooperativa del Campo Casa de Ganaderos. En 1982 se convierte en Sociedad Cooperativa Limitada y en 1990 en cooperativa de segundo grado. Aquella institución medieval ha llegado a ser, así, una de las comercializadoras de ovino más importantes de Europa.

Posada de las Almas 

1705

La Posada de las Almas evoca a historia viva. Desde su fachada en el barrio de San Pablo, el establecimiento decano de la hostelería aragonesa lleva más de tres siglos observando impasible la transformación de Zaragoza. Pocos datos se conocen de sus orígenes, si bien sí que está fechada su historia desde el último tercio del siglo XIX. Por aquel entonces el establecimiento estaba arrendado a Lucía y Jacoba Navarro, una regencia que pasó posteriormente a manos del matrimonio altoaragonés Ceresuela-Galindo. El hijo de estos, Joaquín, revitalizó el negocio renovando la mansión tanto por fuera como en su interior. La esposa y dos hijas de Joaquín Ceresuela se hicieron cargo del negocio tras su muerte en 1942, hasta que lo vendieron a Antonio Gracia y Sabina Lascuraín en 1951. De esta etapa son iniciativas como la cafetería de la planta baja. Nuevamente los hijos del matrimonio han seguido con el negocio tras el fallecimiento del matrimonio, dotando al establecimiento de servicios modernos como ascensores, sistemas de sonido o nuevas habitaciones.

El establecimiento no ha perdido nunca su carácter aragonés. La fachada sigue conservando su estilo neoclásico. Entre sus paredes habitan escudos tallados en piedra, fascinantes vidrieras de colores o la “Mujer aragonesa”, una escultura premiada en la Exposición Nacional de Artes de 1926.

La leyenda cuenta que las ánimas en pena vagaban por las cuadras de la Posasa de las Almas cuando sonaban las campanillas de las caballerizas. Hoy son los coches los que descansan en esas cuadras como símbolo de que el paso del tiempo ha inmortalizado a uno de los establecimientos más característicos de Zaragoza.

Confitería Micheto 

1778

La iglesia bilbilitana de Santa María guarda celosamente los documentos que atestiguan la existencia de la Confitería Micheto ya en 1778. Ramón Micheto, cerero, confitero, e integrante de una de las familias más antiguas de Calatayud, es el primer miembro de la saga empresarial del que se tiene constancia. Suyos fueron los bizcochos que el regidor Joaquín Arias comió en 1809 “con motivo de las noticias favorables de nuestro ejército frente al francés”. La tradición familiar continuó con Manuel Micheto, de quien también se hace referencia como confitero en distintas escrituras notariales del siglo XIX. No obstante, se cree que los Micheto ya se identificaban con la confitería desde épocas anteriores a 1778.

En 1926, bajo el reinado de Alfonso XIII, la confitería fue reconocida como Proveedor de la Casa Real, título que se puede contemplar en las paredes del negocio. Esta designación no es anecdótica, ya que los postres de Micheto han continuado encandilando a reyes y príncipes con el paso de los años. En la antigüedad se servían los afamados bizcochos de Calatayud para disfrute de los comensales de palacio. También eran frecuentes las paradas en Calatayud del tren en el que viajaba Alfonso XIII para que el monarca pudiera tomar un respiro y recibir unas cajas de bizcochos de manos de Manuel Micheto. Esta tradición se ha intentado mantener con la Casa Real: ya fuera de manos de Manuel Micheto con las visitas a la ciudad de Juan Carlos I, o de Miguel Micheto Ruiz de Morales con el Príncipe Felipe cuando cursaba sus estudios en la Academia General Militar de Zaragoza.

Balneario Termas Pallarés 

1827

La riqueza y calidad terapéutica de las aguas del subsuelo de Alhama de Aragón impulsaron la creación del balneario Termas Pallarés en 1827. La aportación humana al proyecto vino, por su parte, del audaz empresario catalán Manuel Matheu, quien en su estudio de las campañas del emperador Antonino Augusto conoció la riqueza termal de esta localidad. Sufridor estoico de atroces dolores y acostumbrado a no hallar remedio alguno, Matheu encontró en estas aguas un alivio inmediato que le llevó a cimentar los grandes pilares del balneario. Poco a poco fue dotando al complejo termal de la infraestructura necesaria, inspirada en los balnearios ingleses en los que los jardines adquirían especial protagonismo. En las Termas Matheu se alojaron, entre otros, la reina Isabel II y el rey Francisco de Asis Borbón y Borbón.

La familia de Matheu optó por no seguir con el negocio tras la muerte del fundador en 1872, y la empresa la compró Ramón Pallarés en 1922. La ‘euforia termal’ de esos años, en los que la clientela buscaba descansar y no estaba necesariamente enferma, impulsó la vertiente turística y las inversiones en el centro termal. La alta sociedad se convirtió en clientela fiel y asidua del balneario.

Finalizado el periodo de la posguerra, la propiedad pasó a manos de la familia Taboada. La total remodelación del centro y su posterior consolidación como uno de los balnearios más completos de España llegó de la mano de Luis Fernando Taboada, cuya gestión se caracterizó por el espíritu de lucha y sacrificio, una filosofía transmitida a las generaciones posteriores. La constante evolución y desarrollo del balneario Termas Pallarés le han convertido en la principal fuente de riqueza de Alhama.

Valero Echegoyen 

1833

El buen oficio de un maestro italiano sembró en 1833 el germen de una de las empresas familiares con más arraigo en Zaragoza: Valero Echegoyen. Marco Mongartin, que llegó desde la ciudad alpina de Domodossola, estableció su negocio en un local del Coso cerca del Palacio de los Luna. Experto en la construcción de vidrieras, trabajos en plata para marcos en los nichos de los cementerios, hojas de lata para canales y conductos de humo, o forrados de tejados y torres en plomo, con el paso del tiempo fue adquiriendo renombre en la ciudad. Una hija del artesano se casó con Valero Echegoyen Sanz, quien continuó con el taller del fundador hasta que se hizo cargo del mismo su hijo Emilio.

Con el paso del tiempo se diversificó el trabajo a nuevos campos como el de la canalización de tuberías de agua por todas las calles de Zaragoza, contribuyendo a la modernización de un núcleo urbano en plena expansión. La empresa familiar colaboró en la construcción de obras tan emblemáticas como la Academia General Militar, el Gran Hotel de Zaragoza o todas las azucareras de Aragón.

Tras el declive industrial de la posguerra, en la década de los 60 ampliaron su actividad a la calefacción y el agua caliente sanitaria, y posteriormente a la climatización. La constitución en sociedad anónima y la expansión más allá de los límites de Zaragoza llegó en los 70.

Expertos en saneamiento, calefacción y aire acondicionado, Valero Echegoyen ya está incorporando a su séptima generación en la empresa. Siempre con el agua como compañero de trabajo, en 2008, el año de la Expo, la familia Valero Echegoyen soplará 175 velas.

Harinas de la Parra 

1845

Luchadores y supervivientes en un sector que ha sufrido una profunda transformación en el último medio siglo, Harinas de la Parra lleva más de 160 años suministrando harina a panaderías artesanales e industriales, reposterías, y empresas de congelados y precocidos, entre otros muchos clientes. Afincada en Épila desde 1845, el año de su nacimiento, la empresa surgió del trabajo de Policarpo de la Parra, quien tenía un molino harinero con una piedra. Su hijo Manuel adquirió en 1906 la fábrica donde hoy se sigue moliendo, aunque ésta se ha sometido a reformas para adecuarse a las nuevas necesidades de producción. La fábrica combina en la actualidad la estructura original con elementos de madera y máquinas con la tecnología más avanzada. Desde el inicio y hasta 1925, el sistema de molienda era por piedras. Ese año se montó la fábrica de harinas por cilindros, añadiéndose posteriores reformas al sistema de producción para mejorar la eficiencia y la calidad de los productos.

La industria harinera aragonesa, antaño caracterizada por su fortaleza, ha sufrido importantes traspiés con el paso del tiempo: de las 91 fábricas de harina que había en Zaragoza en 1945, Harinas de la Parra es una de las 7 que quedan en activo en 2006.

Domingo de la Parra, el actual propietario, convirtió la empresa en sociedad anónima en 1987. La gerencia actual recae en sus dos hijos, quienes representan la quinta generación de una empresa familiar implicada con Aragón y que cuenta con clientes en más de 20 provincias españolas.

Balneario de Paracuellos de Jiloca 

1848

Las propiedades que el azufre y el salitre otorgan al agua de Paracuellos ya se recogieron en el libro “Espejo cristalino de aguas minerales de España”, escrito por Alfonso Limón Montero en 1697. El rey Carlos III concedió al hospicio de Calatayud la concesión de las aguas minerales perdidas, de manera que el director de dicho hospicio tomó posesión formal de esta agua. Las aguas nacen en un terreno que, desde tiempo inmemorial, perteneció a la familia de los Herrer, y por herencia pasaron a poder de Felipe García Serrano en 1844, quien acotó y recogió las aguas.

Fue sobre 1848 cuando Felipe García Serrano comenzó una construcción al lado de la roca donde nace el manantial. Las aguas fueron declaradas minero-medicinales y de utilidad pública en 1850, y con este nombramiento se ampliaron las instalaciones. La familia Cortadellas, que en 1875 había adquirido la propiedad de una era donde había un manantial, realizó prospecciones y alumbró un nuevo manantial.

Las disputas entre las dos familias por el control de las aguas continuaron durante décadas, hasta que la propiedad de ambos manantiales se unificó a principios del siglo XX, otorgando los libros de primera parte del siglo la propiedad a García Serrano. El balneario vivió una época de esplendor hasta la Guerra Civil, hasta que sufrió un incendio y fue abandonado. Felipe Serrano, propietario desde 1900 y nieto del fundador, dejó el negocio en su testamento en 1959 a familiares, la gobernanta y el director del Gran Hotel. Una epidemia de cólera lo cerró en 1972. En 1979 compraron el balneario Presentación y Joaquín Soria Navarro, quienes comenzaron a acometer inversiones en 1985, que se culminaron en 2003 con Presentación como única propietaria.

Hotel Balneario Sicilia 

1860

El Hotel Balneario Sicilia nació en 1860, año en que las aguas minero–medicinales de los manantiales del balneario Sicilia fueron declaradas de utilidad pública. El fundador de este centro termal de Jaraba fue Manuel Sicilia Castellanos, al que le sucedieron en 1919 Manuel Sicilia Pascual y sus hermanos. La saga familiar tuvo un nuevo relevo con José María Sicilia Baro, quien se puso al frente de la empresa en 1941, puesto que ocupó con gran diligencia hasta su fallecimiento en 2003. José Manuel y Joaquín Sicilia Carnicer, miembros de la cuarta generación familiar, están actualmente a cargo del negocio.

Sinónimo de calidad, tanto por sus aguas como por su servicio y atención turística, el Hotel Balneario Sicilia realizó un gran esfuerzo en 1972 para acondicionar sus instalaciones hoteleras y termales. El proceso expansivo les llevó a recuperar el Hotel Balneario Serón en 1988, modernizando las instalaciones y creando un complejo hotelero-termal de más de 70.000 metros cuadrados. La empresa también puso en marcha una planta embotelladora para comercializar el agua bajo la marca “Sicilia”, distribuyendo sus productos por todo el territorio nacional.

La familia Sicilia siempre ha demostrado una entrega absoluta en su negocio, lo que les convirtió en pioneros en la apertura de los hoteles-balneario durante todo el año. En 1998 comenzó la reforma integral del centro, que ha permitido situarlo entre las mejores instalaciones termales de España. Motor de impulso para toda la Comarca de Calatayud, y por extensión de Aragón, su labor ha sido reconocida con premios como la Medalla de Oro de la Exposición Hispano-Francesa de 1908, las Medallas al Mérito Turístico de 1984 y 1992, o la Medalla de Oro al Mérito Turístico de 2001 en la persona de José María Sicilia Baro, quien también recibió a título póstumo la Medalla de Oro de la Asociación de Balnearios.

Lotería del Rosario

1860

La Lotería Nacional Española nació en 1763, y las primeras referencias a administraciones de lotería en Zaragoza datan de 1860, año en que la Lotería del Rosario ya aparecía situada en la calle Mayor. En 1947 se hizo cargo del negocio Julia Lobera Iso, abuela del actual propietario. La intensa actividad constructora que sufrió la ciudad en la posguerra motivó que la administración fuese ubicándose en  distintas calles: Manifestación, Espoz y Mina, Estébanes y Don Jaime, su actual ubicación.

En 1972 se produjo la primera sucesión en la familia Aznar-Lobera, pasando la titularidad de la administración a Alejandro Aznar Lobera, que mostró una gran visión comercial al situar el negocio en una de las entradas del Tubo zaragozano, donde se repartieron premios muy importantes. Fue ese año cuando se registró la marca “Lotería del Rosario”.

El siglo XXI ha conllevado la revolución: Lotería del Rosario ostenta el honor de ser pionera en la venta de lotería por internet, y todos los servicios de la administración están ya informatizados. Es en 1998 cuando se produce el último relevo generacional hasta la fecha, cuando Alejando Aznar padre traspasa el negocio a su hijo Alejandro.

Aunque ha cambiado de emplazamiento en numerosas ocasiones, Lotería del Rosario siempre se ha situado cerca de la Basílica del Pilar. La constante cercanía con la Virgen tal vez ayudó a que esta administración concediera en 1990 el mayor premio de lotería entregado en Zaragoza, un récord que a día de hoy todavía permanece vigente. Por algo esta administración es conocida popularmente como “El rincón de la suerte”.

Pirotecnia Zaragozana 

1860

Pirotecnia Zaragozana es un ejemplo de arte hecho empresa. El padre de Ángel Sanz Rivera inició el negocio en 1860 con un pequeño taller. Era una iniciativa más ligada a la pasión que una profesión. El primer paso decisivo se produjo en 1924, cuando Ángel Sanz Rivera adquirió por 5.000 pesetas una finca en Miralbueno. Empezaba así a ganar dimensión el negocio de la pirotecnia.

Miguel Pérez Soriano, casado con Amparo Sanz Bernal (hija de Ángel), se convirtió en la figura que llevaría a Pirotecnia Zaragozana a adquirir una verdadera dimensión empresarial. Licenciado en Derecho, dejó el mundo de las leyes para convertir al pequeño taller en una auténtica fábrica de fuegos artificiales en Utebo, con más de 100 trabajadores en unas instalaciones de 10 hectáreas. La empresa de Zaragoza comenzó a ser conocida por toda España.

En 1990 aparece un nuevo momento decisivo de la mano de otro emprendedor clave que adaptó la empresa a los nuevos tiempos: el ingeniero químico José Ignacio Pérez Sanz, hijo de Miguel, quien decidió trasladar la fábrica a Garrapinillos. Una inversión que ha convertido a Pirotecnia Zaragozana en una factoría con la tecnología más moderna en producción y seguridad. Especialistas en grandes espectáculos y fuegos aéreos, terrestres y acuáticos, ahora ya no son conocidos en toda España: su mercado es el mundo y exportan a países tan exigentes como EEUU y Canadá.

Bodegas Almau 

1870

La calle Estébanes guarda uno de los comercios más auténticos de Zaragoza: Bodegas Almau, un local que tenía trujales y cubas en pleno Casco Histórico y que hoy se ha convertido en un lugar lleno de encanto. Los orígenes de Bodegas Almau se encuentran  en el bodeguero Juan Vitallé, que disponía, hacia 1870, de bodegas en las calles Santa Cruz y Estébanes y de viñedos en San Lamberto. A finales del siglo XIX, entra a trabajar como dependiente Dionisio Almau, bisabuelo de los actuales propietarios. Vitallé, al no tener descendida, traspasó el negocio a su dependiente Dionisio. Los avatares de la vida llevaron a su viuda Trinidad Nogués a hacer frente al negocio, que dejó a sus hijos Félix y Miguel.

En 1975, hereda el negocio familiar Miguel Fermín, tras la muerte de su padre y la jubilación de su tío. El inmueble de la calle Estébanes pasó por distintos propietarios sucesores de la familia Vitallé, hasta que en 1987 se incorpora al patrimonio de la familia Almau, quienes rehabilitan el edificio de forma integral. Mantienen la esencia del local y aportan así, a una de las zonas más emblemáticas de Zaragoza, un comercio único, que se ha especializado en los vinos de Aragón y que mantiene una intensa actividad cultural. Ahora, el negocio está en manos de la cuarta generación: Noé y Miguel Ángel Almau.

Bellostas 

1875

Una tienda de artículos de Mercería y Novedades –lo que hoy se conocen como complementos- fue la ilusión de Isidro Bellostas Salafranca, quien abrió el negocio en 1875 en el número 47 de la calle San Pablo. De este emplazamiento pasó en 1908 a la calle Alfonso I, donde se estableció hasta nuestros días. Constancia del negocio queda en los periódicos de la época, en los que los anuncios de Bellostas animaban al público a encontrar trenzas de seda, puntillas y carretes de seda “a precios económicos”.

La gestión del establecimiento pasó posteriormente a manos de la mujer de Isidro, Pabla Cepero Morellón, y su hijo Fernando Bellostas Olivar. Ambos supieron adaptar la actividad del negocio a los cambios y la evolución de los gustos de sus clientes, habilidades necesarias para mantener viva la llama de la tienda.

El género fue ampliándose con los años, y de la mercería se pasó a los bolsos, la bisutería, adornos de piel o abanicos. La fachada del negocio también se ha adaptado al paso de los tiempos

En la actualidad es Mª Isabel Bellostas Cepero, la nieta del fundador de la empresa familiar, quien se encarga del negocio. Mª Isabel se ha encargado de continuar incorporando las “Novedades” y modas de cada momento en géneros tan variados como la bisutería, los regalos, foulards, mantillas, peinetas, mantones bordados, trajes o accesorios para los trajes regionales aragoneses.

La Veneciana 

1876

La Veneciana tuvo un fundador y un creador: Basilio Paraíso. Sus méritos, fuera de lo común, son parte integrante de la historia industrial de nuestro país. Basilio Paraíso Lasus se asoció en 1876 con Tomás Colandra y Anduela para montar un taller de espejos y una tienda para su venta, que bautizó con el nombre de La Veneciana. Los primeros 50 años de esta industria implicaron el afianzamiento del negocio y la búsqueda de un constante desarrollo que nunca se ha interrumpido. Basilio Paraíso, innovador y entusiasta, logró introducir en su taller los mayores avances técnicos hasta entonces conocidos, adquiriendo su industria una extraordinaria expansión.

Desde sus comienzos, La Veneciana mantuvo relación directa con la compañía francesa Saint-Gobain, que ya entonces lideraba el mercado europeo del vidrio. En 1904 comenzaron las conversaciones para asociarse, lo que dio lugar a la constitución de Cristalería Española. El hijo del fundador de La Veneciana, Basilio Paraíso Labad, continuó los éxitos de su padre: en 1923 inició la construcción de una fábrica en Sevilla, que contribuyó a reforzar la buena marcha de la empresa. La Veneciana se transformó en sociedad anónima en 1925, con sede social en Zaragoza. Se abrió una oficina en Madrid, comenzando así la ampliación de mercados y de áreas de negocio. En 1930 la compañía Saint-Gobain, a través de Cristalería Española, tomó el control de La Veneciana. Tras la muerte de Basilio Paraíso en 1934 a los 76 años, la sede social se trasladó a Madrid. A partir de 1949 comenzó una nueva fase de expansión, que en 1975 se traducía en 34 establecimientos y 15 tiendas de exportación en más de 30 ciudades españolas.

La Veneciana de Saint-Gobain integra hoy nueve sociedades españolas y tres portuguesas, con una plantilla superior a 1.200 empleados.

Calzados La Alicantina 

1883

La cuarta generación de Calzados La Alicantina mantiene en el siglo XXI la idea que impulsó el negocio familiar: que caminar no sea un inconveniente sino un placer que viene de antiguo. Los actuales propietarios, Mercedes y Jesús Mas Arrondo, pueden enorgullecerse hoy de que clientes que compraban los zapatos de niño, acuden a La Alicantina a generación tras generación para vestir hoy sus pies con las tendencias más actuales.

La historia de La Alicantina empieza, cómo no, en la provincia de Alicante, y el amor se convierte en el origen de una trayectoria única. En 1880, el joven Antonio Mas Candela emigra desde Crevillente hasta Zaragoza. Quiere ver a su hermana y se enamora de Lucía, una joven de Teruel con la que formará una familia. Crea entonces el negocio de la calle Don Jaime, 34, que luego pasó a su actual ubicación en el número 20. En sus orígenes, el negocio familiar mantuvo la tradición alicantina: venta de esteras, colchones y horchatas en verano. Pronto se enfocó a las alpargatas y la segunda generación ya trabajó exclusivamente con calzado. El padre de los actuales propietarios impulsó la calidad con la búsqueda de los mejores proveedores de Mallorca y Levante.

Farmacia Ruiz Poza 

1883

Antonio Casaña, un destacado farmacéutico, político, empresario e intelectual de la Zaragoza decimonónica, abrió las puertas de la Farmacia Casaña en 1883, la antecesora de la actual Farmacia Ruiz Poza. Amigo del ilustre Joaquín Costa, Casaña fue testigo de la transformación a la que se sometían los medicamentos, ya que las fórmulas magistrales de cada farmacia comenzaban a dejar paso a las medicinas producidas en serie. Fue su hijo Ramón quien se hizo cargo del negocio en 1915, ejerciendo durante más de 50 años.

La tercera generación de la farmacia llegó de la mano de Sixto Ruiz Cámara. Farmacéutico y químico, Ruiz Cámara, quien llegaría a ser presidente de la Junta de Gobierno del Colegio de Farmacéuticos de Zaragoza, se casó en 1942 con Elisa Poza Casaña, la nieta del fundador. En 1952 se incorporó al negocio como copropietario. Pionero en su profesión, Sixto Ruiz Cámara fue el responsable de que en todas las farmacias zaragozanas se implantara la oxigenoterapia, símbolo de los continuos cambios que caracterizaban al negocio farmacéutico en las décadas de los 50 y los 60. Tras su fallecimiento, en 1974, se hizo cargo del negocio Mª Ángeles Hernando hasta que su hijo y biznieto del fundador, Francisco Javier Ruiz Poza, terminó los estudios farmacéuticos en 1984.

Comenzaba así una nueva etapa para este negocio con más de 123 años de experiencia en el servicio y la atención al ciudadano. Nuevos métodos de trabajo para los nuevos tiempos: La Farmacia Ruiz Poza siempre se ha mantenido en la vanguardia con el único objetivo de ayudar a paliar los problemas de salud de sus conciudadanos.

Saneamientos Marín 

1885

Empresa familiar fundada en 1885 por Antonio Arnal Sebastián, Saneamientos Marín ha experimentado una gran evolución en sus más de 120 años de historia. El taller originario, que se dedicaba a la construcción de artículos de cinc, metales ligeros y vidrieras artísticas, se encontraba en la calle Azoque. La entrada en el negocio de Domingo Marín Buil permitió ampliar el negocio a taller de instalaciones de fontanería, y posteriormente de calefacción.

El impulso definitivo de la empresa vino en 1936 de la mano de Antonio Marín Arnal. Superadas las vicisitudes de la Guerra Civil, su espíritu emprendedor impulsó la apertura del negocio hacia nuevas áreas, ampliando el negocio a la venta al por mayor. Marín Arnal fue el responsable de establecer una red de ventas al por mayor por todo Aragón y provincias limítrofes. En 1955 se comenzaron a fabricar neveras de hielo con modelos propios y patentados, que si bien ahora parecen piezas de museo, entonces constituían un alarde de ingenio y perfección.

La empresa continuó creciendo en las décadas de los 60 y los 70. En 1973 se inauguró un almacén de 900m2 y un segundo punto de venta. Símbolo de su cercanía con los zaragozanos y su buen hacer, la empresa recibió los años 1979, 1980, 1982 y 1983 el premio Master de Popularidad de Zaragoza como reconocimiento a la calidad de sus servicios y la importancia de su imagen pública. Entre otros galardones que también ha recibido la empresa se encuentran la Medalla de Oro de Roca Radiadores o el premio Vendor.

Ángel y Antonio Marín se encargan de la gerencia actual de Saneamientos Marín, en la que ya se han integrado Jesús y Daniel, biznietos del fundador y representantes de la quinta generación de la empresa familiar.

Farmacia Chóliz

1893

La vida del abuelo Eloy Chóliz, fundador de la Farmacia Chóliz en 1893, siempre estuvo marcada por ilustres personajes: durante su infancia en Valpalmas jugaba con Pedro y Santiago Ramón y Cajal, cuyo padre era el médico de la localidad, hizo prácticas en la farmacia situada en la casa donde vivía Emilia Pardo Bazán, a la que atendió en varias ocasiones, y su farmacia tiene un hueco en la literatura gracias a “Crónica del alba” de Ramón J. Sender.

Una vez acabada la carrera, Eloy Chóliz se trasladó a Tauste, donde abrió su primera farmacia en 1893. En 1902 se reunión en Zaragoza con Miguel Rived, un antiguo compañero de universidad. Se establecieron en la calle San Gil, abrieron una farmacia y crearon la sociedad Rived y Chóliz de almacenes de productos farmacéuticos. Se inició así una época de intenso trabajo y expansión, en la que montaron un gran número de farmacias –llegaron a tener más de 80 empleados- y distribuyeron fármacos por media Europa. Hiperactivo y comprometido con su tierra, Eloy Chóliz fue el primer presidente del Sindicato para la Iniciativa y la Promoción de Aragón (SIPA), se involucró con el proyecto del Canfranc y estuvo al frente del Colegio de Farmacéuticos de Zaragoza.

El fallecimiento del impulsor familiar en 1966 conllevó que sus hijos Luis y César se pusieran al frente de la Farmacia del Carmen y de la Farmacia de las Cuatro Esquinas. Luis, el hermano mayor, realizaba numerosas fórmulas magistrales como el ‘ungüento de Populeon’, que alivió las hemorroides a muchos camioneros y taxistas españoles. Genoveva Chóliz, la única hija de Luis que quiso continuar con el negocio, está en la actualidad al frente de una farmacia con 113 años de historia.

Pedro Faci 

1897

La estirpe familiar de los joyeros Faci se remonta al 20 de febrero de 1897, cuando Pedro Faci Abad, tras estudiar el oficio en Barcelona, se estableció en Zaragoza, su ciudad natal, el mismo día que cumplía 22 años. Contó como socios con su hermano Miguel y con Mariano Bernardos, quien abandonaría la sociedad a los pocos años. Su primer local, situado en la calle Morería, fueron cambiando de situación con el paso de los años, siendo la calle Goya (hoy Jusepe Martínez) donde transcurrieron 80 años de la historia del negocio.

En la década de los 50 tomó las riendas del negocio Pedro José Faci García, que delegó el negocio en los 80 en Pedro José y Daniel Faci Hereza, la tercera generación familiar. A día de hoy la empresa ya cuenta con el trabajo de Pedro Faci Sinués, hijo de Pedro José, que representa la continuidad de la saga.

La empresa se ha dedicado tradicionalmente a la fabricación de medallas religiosas y conmemorativas, entre cuyas obras se encuentran la medalla de la Coronación de Nuestra Señora del Pilar en mayo de 1905 o la medalla del General Palafox conmemorativa de los Sitios de Zaragoza de 1908. Su buen quehacer motivó que la empresa fuese merecedora de la Medalla de Oro de la Exposición Hispano-Francesa de 1908, presidida por Basilio Paraíso, “por sus trabajos en platería y medallas”. Pedro Faci Abad también recibió la Medalla de Plata del Mérito al Trabajo en 1956.

En la actualidad, tras más de 109 años de trabajo, Pedro Faci cuenta con el santoral más amplio de España, con más de 30.000 troqueles de 2.000 Santos, Cristos y Vírgenes. La empresa cuenta a día de hoy con unas modernas instalaciones ubicadas en La Muela.

Balneario de la Virgen 

1898

El hotel del Balneario de la Virgen, que bebe de las curativas aguas de Jaraba, abrió sus puertas en 1898. El antecedente brota de las ‘Aguas de las Ninfas’ -cuyos efectos se achacaban al poder milagroso de Nuestra Señora de Xaraba-, que llenaban la piscina donde se sumergían los peregrinos y los fieles de la localidad. Las aguas termales eran de propiedad municipal, hasta que en 1897 se traspasaron a Manuel Ibáñez Remacha, quien las cambió por un extenso monte de su propiedad. El contrato estableció que los vecinos de Jaraba podrían disfrutar gratuitamente de estas aguas naturales, y que éstos, por su parte, debían contribuir a su mantenimiento. Manuel Ibañez comenzó a edificar y construir pilas, hasta que le sobrevino la muerte en 1910. Su viuda e hijos se quedaron con el negocio, pero fue el presbítero Miguel Ibáñez, único hijo del matrimonio, quien realmente tomó las riendas. Comenzó entonces el esplendor del balneario, teniendo que aumentar el número de habitaciones año tras año. Cuentan las crónicas de la época que el aspecto de los baños no era excesivamente lujoso, “si bien en su interior existen la higiene y la limpieza en todo su esmero”.

En la actualidad el Balneario de la Virgen está dirigido por Julián Adradas Remiro, familiar de Manuel y Miguel Ibáñez. La tradición del balneario, dirigido por la misma familia durante cinco generaciones, se conjuga con la modernización de las instalaciones, que se han sometido en los últimos años a importantes reformas en todo el complejo, con nuevas zonas termales y de uso común.

Caja Inmaculada 

1905

Caja Inmaculada es un ejemplo, desde sus orígenes, de proyecto social. El impacto de su Obra Social en Aragón, con una dotación en torno a los 20 millones de euros al año, y su aportación a la vertebración social del territorio, hacen de la CAI un elemento imprescindible para explicar el desarrollo de la comunidad en el último siglo. Nacida en 1905 como establecimiento de beneficencia y fomento del ahorro (Caja de Ahorros y Préstamos de la Inmaculada Concepción), de la mano de Acción Social Católica, se ha convertido en el siglo XXI en una entidad financiera solvente y competitiva, que ha hecho bandera de su compromiso con la acción social, la cultura y el territorio. Hoy, dispone de un 20% de cuota del ahorro aragonés y figura entre las primeras 10 cajas españolas por calidad. Cuenta con más de 1.300 empleados y 234 oficinas en Aragón, Madrid, Tarragona y Cádiz.

La historia de la CAI tiene dos momentos decisivos: a principios de los años 50, que coincide con el primer desarrollismo en España tras la Guerra Civil, y en los años 70, cuando la reforma de las cajas de ahorro les permite competir en productos y servicios de manera total con los bancos. Manteniendo sus principios y valores, la Caja ha sabido adaptarse a un sector cada vez más competitivo. Tras la oficina principal, la primera sucursal urbana se abrió en Zaragoza en 1959, para llegar en la década de los 80 a las capitales de Huesca y Teruel.

MAZ 

1905

La Mutua de Accidentes de Zaragoza, la primera de las que hoy forman la MAZ, se fundó el 18 de mayo de 1905 por un grupo de empresarios de la ciudad decididos a compartir los riesgos ante las responsabilidades de la nueva legislación sobre accidentes de trabajo. Precisamente Basilio Paraíso fue uno de los primeros socios, con el número 144, de este ejemplo de cultura asociativa en Aragón. Tras más de un siglo de actividad, aquella mutua pionera se ha convertido en un grupo que presta servicios en toda España y en un referente con más de 100.000 empresas mutualistas asociadas. Sólo en la provincia de Zaragoza, un 60% de los trabajadores se encuentran bajo su protección. En el conjunto del país, más de medio millón de trabajadores protegidos hablan del buen hacer de la MAZ.

La MAZ de hoy es el resultado de diversas fusiones entre compañías del sector. Una suma de esfuerzos que ha proseguido la visión de aquellos pioneros en la protección médica y sanitaria de los trabajadores. Su primera ubicación fue en el Paseo de la Independencia y pasó por varios inmuebles en tres décadas hasta llegar a la emblemática sede de la calle Sancho y Gil.  En 1967, para adaptarse a la nueva Ley de Seguridad Social, cesa en su actividad como aseguradora para ejercer como entidad cooperadora en la protección de accidentes de trabajo. Y en 1977 se produce otro hito en su trayectoria: la apertura del Centro de Rehabilitación en la antigua carretera de Huesca. En las décadas siguientes, la MAZ teje una eficaz red de ambulatorios y oficinas, que se aproxima a las empresas y a la creciente actividad de los polígonos industriales.