Un informe de la Fundación Basilio Paraíso, realizado por PwC, hace una lectura territorial de la demanda y las necesidades de infraestructura en la región
La Fundación Basilio Paraíso ha presentado hoy el informe “El punto de inflexión energético para Aragón”, un análisis del mapa energético de la comunidad elaborado por la consultora PwC y patrocinado por Full Energía, que examina las fortalezas energéticas del territorio, la evolución de la demanda eléctrica y los retos de red que condicionarán la llegada de nuevas inversiones industriales y tecnológicas. El estudio ha sido presentado por José Miguel Sánchez, secretario de la Fundación Basilio Paraíso, y por Óscar Barrero, socio de PwC, quienes han expuesto las conclusiones de un trabajo que analiza cómo Aragón puede transformar su excedente energético en una palanca de desarrollo económico en los próximos años. Aragón se encuentra ante la oportunidad de convertir su potencia energética en una ventaja competitiva en el futuro desarrollo industrial Europeo.
“La Fundación Basilio Paraíso tiene que estar en los temas que afectan directamente a Aragón, que afectan a la sociedad aragonesa para abrir debates. Primero fue el tema de los centros de datos, después el tema del impacto de las inversiones y ahora el tema de la energía”, ha destacado el director de la Fundación Basilio Paraíso, José Miguel Sánchez. “Con este estudio pretendemos contestar a tres cuestiones; producimos el doble, pero cómo se puede beneficiar la comunidad autónoma; cómo podemos favorecer a nuestras PYMES, y cómo se crea este ecosistema para que seamos más competitivos”.

El informe constata que Aragón se encuentra ante un momento decisivo en su modelo energético y económico. La comunidad autónoma dispone de una de las mayores fortalezas energéticas de España, con una elevada producción de electricidad –mayoritariamente renovable—que supera ampliamente su consumo interno. Sin embargo, el verdadero reto ya no es producir energía, sino poder entregarla allí donde se sitúan las nuevas inversiones industriales y energéticas.
Óscar Barrero, socio de PwC España y autor del estudio, ha subrayado la gran oportunidad que tiene Aragón en este momento y ha advertido sobre la necesidad de analizar la otra cara de la moneda: “La energía es una ventaja competitiva para Aragón, pero la energía sola no vale, necesitamos infraestructura para conectarla con la demanda. Sino somos capaces de hacer las cosas de forma eficaz, la oportunidad no será tan grande o se marchará”.
“Hablábamos del sistema energético y como está en este momento tenemos dos ingredientes clave: cambios estructurales en la incorporación de las renovables fotovoltaicas; y la situación geopolítica. Si unimos esos dos ingredientes en una coctelera, lo que tenemos es incertidumbre. La incertidumbre gusta poco en términos económicos, gusta poco a las empresas y gusta poco a la economía en general. Por eso es importante este informe, que trata de aportar certezas”, ha expuesto el director de comunicación y marketing de Full Energía, Santiago Vicente.
Los datos reflejan con claridad la posición energética de Aragón, la comunidad produjo 22.365 gigavatios hora (GWh) de electricidad, mientras que su consumo interno fue de 10.659 GWh.
Esto significa que Aragón genera más del doble de la electricidad que consume, lo que se traduce en un saldo exportador anual cercano a 11.700 GWh hacia otros territorios.
Para comprender la dimensión de estas cifras, hay que tener en cuenta que, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el consumo eléctrico anual por hogar en España es de 3,5 MWh/año. En términos prácticos, el excedente energético aragonés permitiría abastecer durante un año a más de tres millones de viviendas. Este superávit se explica por un parque energético amplio y altamente renovable. Aragón cuenta con 13.793 MW de potencia instalada, de los cuales el 82,5 % corresponde a energías renovables, principalmente eólica y fotovoltaica. Como consecuencia, casi el 83 % de la electricidad que se produce en la comunidad tiene origen renovable, situando a Aragón entre los territorios con mayor penetración de energía limpia en España.
Sin embargo, el estudio advierte de que el verdadero factor competitivo en los próximos años no será tanto la capacidad de generar energía como la posibilidad de entregarla allí donde se localizan las nuevas inversiones. Es decir, la disponibilidad de puntos de conexión en la red eléctrica y la rapidez con la que puedan ponerse en servicio.
La demanda eléctrica está entrando en una nueva fase impulsada por dos grandes tendencias. Por un lado, la electrificación de los procesos industriales, que sustituyen combustibles fósiles por electricidad para reducir emisiones, además de nuevas industrias como la producción de nuevos vectores energéticos, como el hidrógeno. Por otro, el crecimiento de la economía digital, especialmente a través de los centros de datos, infraestructuras que requieren grandes cantidades de energía para procesar y almacenar información.
Este cambio ya se refleja en la evolución reciente del consumo eléctrico. Los datos provisionales de 2025 apuntan a un incremento de la demanda del 7,2 %, en línea con la llegada progresiva de grandes consumidores eléctricos que se conectan al sistema por fases.
En el ámbito digital, Aragón parte ya de una base relevante. La comunidad dispone actualmente de 108 MW de potencia IT instalada en centros de datos, lo que equivale aproximadamente a 162 MW de potencia eléctrica real, considerando el funcionamiento completo de estas infraestructuras. Esta capacidad representa una demanda anual estimada de 1,4 millones de megavatios hora, lo que equivale aproximadamente al 14 % del consumo eléctrico final de Aragón en 2025. Se trata de un porcentaje muy significativo que previsiblemente aumentará a medida que entren en funcionamiento nuevas instalaciones.
PREVISIONES
Las previsiones a medio plazo apuntan a un crecimiento aún mayor. El Plan Energético de Aragón 2024-2030 contempla la posibilidad de alcanzar 3,7 gigavatios asociados a centros de datos, a los que se sumarían 1,7 gigavatios adicionales de otros grandes consumidores electrointensivos. En total, el sistema podría incorporar más de 5 gigavatios de nueva demanda eléctrica en los próximos años, una magnitud que cambiaría de forma sustancial el equilibrio entre producción y consumo de energía en la comunidad.
En este contexto, el informe subraya que el principal desafío no se encuentra en la producción energética, sino en la capacidad de la red eléctrica para absorber y distribuir esa nueva demanda. Los mapas de capacidad publicados por el operador del sistema muestran que 54 nudos de la red de transporte no disponen actualmente de capacidad disponible para nuevas conexiones de demanda, ya sea por falta de acuerdo sobre el valor de referencia con las distribuidoras o porque no se dispone de capacidad en el nudo. Los llamados nudos eléctricos son puntos estratégicos donde se conectan las infraestructuras de transporte y las subestaciones, y su disponibilidad determina dónde pueden implantarse nuevos proyectos industriales o tecnológicos.
Además, el estudio identifica 9 nudos reservados para concursos de acceso, con un volumen aproximado de 2,5 gigavatios en competencia entre distintos proyectos, lo que refleja el creciente interés inversor por acceder a la red en determinadas localizaciones.
Otro de los aspectos analizados es la diferencia entre la capacidad eléctrica otorgada administrativamente y la que realmente está en funcionamiento. Los datos indican que existen 30 nudos con capacidad concedida para nuevos consumos, pero únicamente 10 de ellos cuentan actualmente con demanda en operación. En total, 509 MW están ya conectados y operativos, mientras que 3.492 MW disponen de permiso, pero aún no se han materializado. Esto significa que solo alrededor del 12,7 % de la capacidad concedida se encuentra actualmente en explotación, ya sea por limitaciones técnicas del operador o porque la demanda no está preparada para conectarse
Para los inversores, este factor es especialmente relevante porque determina el denominado “time-to-power”, es decir, el tiempo real que transcurre desde que se obtiene el permiso de acceso a la red hasta que el suministro eléctrico está disponible. Cuanto menor sea ese plazo, mayor será la capacidad de un territorio para atraer proyectos industriales y tecnológicos.
La presión sobre la red también se observa en el ámbito de la distribución eléctrica. Durante 2025 se registraron 2.417 solicitudes de acceso, de las cuales 2.411 fueron aprobadas, lo que representa 1.259,9 MW de potencia solicitada. Un dato especialmente significativo es que el 48 % de esa potencia corresponde a centros de datos, lo que confirma el peso creciente de este sector en la demanda energética. No obstante, la capacidad de distribución se está agotando a un ritmo acelerado, pasando de 256 MW en septiembre del año pasado a tan solo 3,48 MW en febrero de este año.
A pesar de estas tensiones, el informe señala que la planificación de la red eléctrica hasta 2030 podría habilitar cerca de 15,2 gigavatios de nuevos puntos de conexión, frente a una demanda potencial estimada en torno a 13,84 gigavatios. En consecuencia, el principal reto no sería la falta de capacidad futura, sino la ejecución efectiva de las infraestructuras de red y la activación de los proyectos ya autorizados.
Para mejorar el funcionamiento del sistema, el estudio plantea la necesidad de establecer mecanismos de planificación anticipatoria que permitan liberar capacidad otorgada a proyectos que no avanzan y reasignarla a iniciativas más maduras, evitando bloqueos en el acceso a la red. Asimismo, propone definir criterios objetivos de madurez de los proyectos, con el fin de priorizar aquellos con mayor probabilidad de materialización. Asímismo, es fundamental avanzar en otras cuestiones fundamentales que no sólo afectan a las infraestructuras eléctricas sino a los propios proyectos industriales que se pretende atraer, como son la necesidad de mejorar la agilidad en la tramitación administrativa, mejorar los mecanismos de planificación, o gestionar de forma más efectiva la capacidad de acceso a la red. Todos estos elementos son clave para que las infraestructuras eléctricas pasen de ser un cuello de botella a un elemento catalizador del desarrollo económico y social.
El informe concluye que Aragón dispone de una oportunidad estratégica para evolucionar desde un modelo predominantemente exportador de electricidad hacia otro en el que parte de ese excedente energético se utilice para atraer actividad económica intensiva en energía, como industria avanzada o infraestructuras digitales.
Para lograrlo, como ya se ha indicado, será fundamental acelerar la ejecución de las infraestructuras eléctricas, mejorar la coordinación entre las redes de transporte y distribución y garantizar plazos predecibles para la conexión de nuevos proyectos. Si estas condiciones se cumplen, Aragón podrá transformar su fortaleza energética en una ventaja operativa y competitiva, capaz de atraer inversiones industriales y tecnológicas y de consolidar su posición como uno de los territorios con mayor potencial energético del país.
